Doña Mariana de Austria




c. 1652
Óleo sobre lienzo
234 x 131,5 cm
Museo Nacional del Prado, Madrid

Comentario de la obra


Nacida en 1634, Mariana era hija del emperador Fernando III y de María de Austria, hermana de Felipe IV. Desde niña estuvo destinada a casarse con su primo el príncipe Baltasar Carlos, pero al morir el joven en 1646, Felipe IV, viudo, decidió casarse con ella (su sobrina) en 1649, para conservar la hegemonía familiar en las cortes europeas.

En este retrato, el único que Velázquez pintó de ella en este gran formato, la reina lleva un elegante vestido en negro y plata, con detalles rojos en las muñecas y en los lazos y plumas de la peluca. El retrato presenta un gran contraste entre la rigidez de la postura y la expresión seria e impasible de la modelo y la virtuosidad técnica con la que está pintado, con una pincelada suelta y espontánea, de gran economía de medios, pero muy controlada.

En la parte superior del lienzo aparece un añadido de unos 20 cm para conseguir equilibrarlo con el óleo Felipe IV, armado con un león a sus pies. Ambas obras estuvieron colgadas formando pareja en El Escorial, hasta que en 1845 se trasladaron definitivamente al Prado.

V elázquez incluyó en la obra varios símbolos que indicaban la condición regia de la retratada: la cortina carmesí —introducida en sus cuadros después del primer viaje a Italia—; la mano derecha apoyada en el respaldo de un sillón, al que tiene derecho como reina; el reloj del fondo subrayando la prudencia que ha de caracterizar a los gobernantes.

En el taller del artista se hicieron algunas réplicas, y una de ellas fue enviada a Viena en 1653.

Diego Velázquez (Diego Rodríguez de Silva y Velázquez)


Sevilla, 1599 – Madrid, 1660

Se formó en Sevilla, en el taller de Francisco Pacheco. Llamado por el conde-duque de Olivares, se trasladó definitivamente a Madrid en 1623 y fue nombrado pintor del rey. De ese periodo datan una serie de retratos reales y unos cuantos retratos de personajes anónimos. En su primer viaje a Italia (1629-1631) realizó sus dos admirables paisajes de la Villa Medicis. A su regreso dio un giro a su técnica: dejó de modelar las formas de manera precisa para ofrecerlas simplemente sugeridas, aprovechando al máximo el efecto visual, y enriqueció su paleta.

En 1643 fue nombrado ayuda de cámara del rey. En su segundo viaje a Italia (1649-1650) pintó numerosos retratos. De sus últimos años datan diversos retratos de la familia real, de gran riqueza cromática y factura excelente, caracterizados por un increíble sintetismo, ya que con pocas pinceladas conseguía definir formas, luces y volúmenes.