Retrato de Doña Inés de Zúñiga, condesa de Monterrey




c. 1660-1670
Óleo sobre lienzo
199 x 155 cm
Fundación Lázaro Galdiano, Madrid

Comentario de la obra


En la pintura del siglo XVII español encontramos muy pocos retratos de personajes ajenos a la realeza y mucho menos retratos de damas, cortesanas o plebeyas, ya que la mujer debía demostrar recato en su actitud y vestimenta. Como señala Francisco Calvo Serraller, «Para romper con esta auténtica vía muerta del retrato cortesano español hizo falta la irrupción del joven Velázquez en la corte de Madrid y, en no poca medida, el entendimiento de su pintura por el todavía más joven monarca Felipe IV, que supo admirar la frescura aportada al género por el entonces naturalista sevillano, cuyo indudable sentido verista no quebraba la distinción elegante y sobria exigida en personas de tal importancia.» (Francisco Calvo Serraller, «Damas», Pintura española. De El Greco a Picasso. El Tiempo, la Verdad y la Historia [cat. expo.]. Nueva York, Guggenheim Museum, 2007, p. 163).

Los primeros en seguir la estela velazqueña en el ámbito del retrato fueron Juan Bautista Martínez del Mazo y Juan Carreño de Miranda.

La dependencia de Velázquez en este retrato se percibe tanto en la refinada gama de colores como en la composición. Doña Inés posa con una actitud similar a la del retrato de la reina Mariana, enmarcada por un amplio cortinaje en tonos rojizos y, como ella, la mano izquierda, perfectamente definida, sostiene un gran pañuelo de encaje. Los atributos regios, como la silla o el reloj del retrato de la reina, han sido sustituidos por otros más frívolos como un caniche y el detalle de una pistola dorada que pende de una cinta rosada sujeta a la cintura de la modelo.

En esta pintura podemos observar también la evolución de la moda y las costumbres en la corte madrileña de los Austrias. El vestido de la retratada refleja plenamente las tendencias de la década de 1660, es decir, el guardainfante de grandes proporciones, las mangas abultadas, los hombros descubiertos y el cabello suelto, que contrastan con los recatados escotes y complicadas pelucas de las damas de la corte de Felipe IV.

Juan Carreño de Miranda


Avilés, 1614 – Madrid, 1685

Pintor de la escuela barroca madrileña, en su primera etapa se centró en la pintura religiosa. En 1671 fue nombrado pintor de cámara y se especializó en el género del retrato. Influido por Velázquez y Van Dyck, sus obras se caracterizan por su serenidad y elegancia.