Interior del taller con espejo




1987
Óleo sobre lienzo
162 x 130 cm
Musée Cantini, Marsella

Comentario de la obra


La obra de Avigdor Arikha tiene un claro componente personal. De un lado, está marcada por los avatares de su vida: después de sobrevivir al Holocausto —gracias a sus dibujos con escenas de deportados—, fue trasladado a Palestina en 1944; a partir de entonces empezó un largo periplo de una ciudad a otra, de un país a otro, en una búsqueda continua de su propia identidad. De otro, es constante la presencia en sus trabajos de elementos pertenecientes a su mundo más íntimo —su estudio, su apartamento y su familia y amigos.

En los años setenta inició una serie de autorretratos, género que ya no ha abandonado. En esta obra se autorretrató proyectando su rostro en un espejo. Tal y como reza una de las interpretaciones sobre Las Meninas, el espejo refleja aquello que el pintor pinta. Otro nexo de unión con la obra velazqueña reside en que ambas nos muestran al artista y su proceso de creación. Podemos ver también la influencia de Vermeer en la luz que entra por la ventana situada a la izquierda y la intimidad que envuelve al personaje. Pero éste, solo en un espacio que oscila entre la calidez de la luz y la frialdad del color, remite también a la obra de Edward Hopper, que se caracteriza por retratar la soledad de la vida norteamericana contemporánea. Su trabajo se inscribe en lo que Arikha denomina «pintura de observación», es decir, aquella que nace de la necesidad de conservar lo vivido, y que, a partir del natural, se crea de manera espontánea y en una sola sesión.

La admiración de este artista por Velázquez no sólo es patente en su obra pictórica, sino también en un film sobre el pintor que realizó para la BBC en 1992 y en el ensayo «Velasquez, peintre des peintres, peintre royal». (La traducción al castellano de este ensayo se publicó en Diario 16 (Culturas), Madrid, 20 de noviembre de 1986, p. II-V).

Avigdor Arikha


Radauti (Rumania), 1929

Superviviente del Holocausto, se trasladó a Palestina en 1944. Diez años más tarde fijó su residencia en París. Su obra ha evolucionado de la figuración a la abstracción. En 1965, abandonó la pintura y se dedicó al dibujo. En 1973 volvió a pintar, con estilo realista y espontáneo, sin olvidar las lecciones de su etapa abstracta. Como historiador del Arte ha comisariado diversas exposiciones.